Paul Shortino hizo el siguiente descargo a través de facebook como consecuencia de la nota publicada por Metal Rules
Para que quede claro, Sony Music posee los derechos de QR4.Lo que omitieron fue que era hipotético cambiar la batería si se grababa con un clic, lo cual no fue así.Hay mucho más que desconoces sobre esto.Estoy agradecido por el álbum de QR que hicimos, orgulloso de él.No, no estaba escuchando música de Whitesnake.Hay tres compositores principales de ese álbum: Carlos, Frankie y yo.Después de 35 años como artistas, tenemos derecho a controlar el álbum.Como hicimos con Rough Cutt, Matt, Amir y yo, ¡ahora todos los miembros reciben sus regalías directamente!Los titulares engañosos conducen a comentarios desagradables e historias retorcidas.Doy pocas entrevistas y, una vez más, ¡me recuerdan por qué!Que Dios los bendiga y con mucho cariño 🙏🎤😎
(Marko Syrjala) El ex vocalista de Quiet Riot, Paul Shortino para Metal-Rules.La entrevista abordó, entre otras cosas, la etapa de Shortino en Quiet Riot de 1987 a 1989, época en la que la banda lanzó el álbum de estudio "QR" (también conocido como Quiet Riot IV) a finales de 1988. La formación de Quiet Riot para "QR" estaba compuesta por Shortino como vocalista, Carlos Cavazo en guitarra, Frankie Banali en batería y Sean McNabb en bajo.
[...] Luego del segundo álbum de Rough Cutt, "Wants You", dejaste la banda después de la gira por Japón en el 86. ¿Fue más por frustración por la falta de éxito de la banda o simplemente por hartazgo de la industria musical en general?
Paul Shortino: Bueno, creo que el sistema se subió al carro de la popularidad. Así que las discográficas querían que todas las bandas sonaran igual. Y eso me lleva a lo que pasó cuando me uní a Quiet Riot unos años después.
Te uniste oficialmente a Quiet Riot en febrero de 1987, después de que la banda despidiera a Kevin DuBrow. No debió ser la situación más fácil, ni para ti ni para la banda.
Paul Shortino: Cuando me uní a Quiet Riot, fue muy extraño porque conocía a Kevin por aquel entonces. La verdad es que no tenía nada malo que decir de él. Escucho un montón de historias de terror sobre Kevin, y nunca me había pasado eso con él. Siempre fue amable conmigo, y yo siempre lo fui con él. Nunca sentí que pudiera estar a la altura de Kevin DuBrow. Por eso el disco que hice con mi voz no sonaba como la voz de Kevin DuBrow. De hecho, era un disco completamente diferente. Pero siempre me gustó Kevin. Kevin era su propia identidad. Era Quiet Riot. El sello discográfico quiso cambiar el nombre de Quiet Riot a Delinquent Dogs justo cuando se lanzó el disco, porque Quiet Riot tenía muy mala fama. No lo hicimos, lo cual habría sido mejor, porque no sonaba para nada a Quiet Riot. Pero pasaron como dos semanas antes de que lanzáramos el álbum. Quiet Riot, mi versión, parecía un paso más allá de Rough Cutt, la verdad: dos guitarras, bueno, teclado y guitarra, ya sabes a qué me refiero. [...]
Volviendo a lo de Quiet Riot, unirme a esa banda y estar en ella debió ser muy diferente a estar en Rough Cutt. ¿Podrías describir cómo fue la situación al principio y cómo evolucionó?
Paul Shortino: Quiet Riot era muy diferente a Rough Cutt. Bueno, fue como salir de una banda de hermanos muy unidos. A pesar de nuestros problemas, Rough Cutt era una hermandad, y nos enfrentábamos a una situación tan política que ni siquiera teníamos un manager colectivo. Cuando entré en la banda, si se le puede llamar así, tenía mi propio manager, Wendy Dio; ellos tenían el suyo.
La banda me mantuvo muy discreto con Spencer Proffer durante un tiempo, porque solo tenían un disco pendiente y no querían renovar con Pasha (el sello de Proffer). La banda quería cortar ese vínculo con el sello e irse directamente a CBS. Lo que pasaba era que habían firmado un contrato con Pasha Records y Spencer —ya sabes, él les dijo: «Tienen que hacer ‘Cum On Feel the Noize’, les va a dar mucho éxito», lo cual, por supuesto, fue así. Así que firmaron un contrato con Pasha, que es su sello, y él era prácticamente el dueño de todo. Tenían que terminar un disco antes de poder pasar a CBS, su distribuidora. Pero no estaban seguros de si Spencer les dejaría grabar el disco sin Kevin, así que me mantuvieron en secreto hasta que estuvieron seguros de que podían hacerlo realidad. Básicamente, CBS le dio a Spencer todo el dinero por adelantado para los discos de Quiet Riot. Luego Spencer lo repartió entre la banda como quiso, y sí, acabó con toda la publicación. De hecho, yo compuse «Stay With Me Tonight» inicialmente para Rough Cutt. Cambiamos el ritmo del original, pero al final les cedí a Carlos Cavazo y Frankie Banali parte de la composición y la publicación. Cuando me uní a Quiet Riot, al principio toqué el bajo. Así que formamos un trío porque Chuck Wright, que estaba en la banda, se fue para unirse a House of Lords. Luego Rudy (Sarzo) regresó a la banda, pero también estaba negociando con Whitesnake, así que finalmente se unió a ellos. Creo que solo estuvo con nosotros tres semanas. Risas.
Recuerdo haber leído que, aunque técnicamente ya estaba de vuelta en la banda e incluso aparecía en algunas fotos de prensa, ya estaba comprometido con Whitesnake y no podía continuar con Quiet Riot.
Paul Shortino: Con un pie roto, lo estaba usando. "Risas". Y se lo dije sin rodeos a toda la gente de la discográfica. En fin, acabamos encontrando a Sean McNabb para que trabajara con nosotros. Además, Jimmy Waldo, un teclista y compositor que había tocado con Alcatrazz y New England, entró en escena casi al mismo tiempo. Después, íbamos a tener una reunión con los peces gordos de CBS, Sony, el mánager de Quiet Riot, todos los miembros de Quiet Riot, que habríamos sido solo Carlos, Frankie y yo, porque Sean McNabb nunca fue miembro. No lo dejaron ser miembro porque Wendy Dio iba a ficharlo. Y pensaron que Wendy Dio tendría dos miembros de Quiet Riot, y sería una decisión dividida.
Y fui al gimnasio por la mañana. Era un lugar llamado Vince's Gym. Es un gimnasio clásico, sin máquinas. Después, fui a clases particulares de baile con un chico que hizo a Sergio, que hizo todas las coreografías de The Cats, porque quería hacer pasos geniales, diferentes y no demasiado "gay". Así que me enseñó algunas cosas. Esta era mi rutina diaria: a las tres de la tarde, ya había entrenado, ido a clase de baile y luego a clases particulares de coreografía. Luego fui al ensayo a las tres y no había nadie. Así que llamé a todos y les pregunté: "¿Qué pasa?". Me dijeron: "Tenemos una reunión", y yo les dije: "¿Tienen una reunión sin mí? Soy socia". Y todo era culpa de los managers. Mi manager, Wendy, era culpa de todos. Y luego nadie me habló durante dos semanas. Ahora que Frankie, Carlos y yo acordamos pagarle a la gerencia el 15% en lugar del 20%. Eso es el 7%... Siete y medio por ciento por gerente. Porque todavía estoy bajo la gerencia de Wendy Dio, y ellos todavía están bajo la de Warren Entner. Y Warren Entner estaba en la banda, The Grass Roots. Entonces, él era el hombre... Era su gerente y también miembro de The Grass Roots. Así que ahora tenemos dos gerentes. Así que hemos estado en litigio durante todo un año. Cortamos tres canciones, una de Russ Ballard, quien escribió "God Gave Rock and Roll to You". La otra canción que grabamos es "Stay With Me Tonight", que había escrito para Rough Cutt, y la tercera fue "Big Changes". Solo cortamos tres canciones y luego entramos en un año de litigio porque Quiet Riot tenía un álbum más que hacer con Pasha, y luego irían directo a CBS. Bueno, cuando entré en la banda, Spencer dijo: "¡Guau! Me gusta cómo canta. Vamos a renegociar el contrato".
Así que pasamos un año en litigio después de grabar esas tres canciones, y fue Stan Diamond, mi abogado, quien había trabajado para Dio y David Bowie, etc. ¡Dios mío, trabajó con tanta gente! Probablemente ya no esté. Pero él... Él finalizó la negociación. Peter Paterno era su abogado y luego se convirtió en el director de Hollywood Records y el abogado de Guns N' Roses. Así que pasamos por todo esto, y lo siguiente que hice fue firmar el contrato. De hecho, dejé la banda antes de eso porque Spencer me dijo: "Adelante, renuncia. Tu voz está en todo este disco y se arrepentirán". Bueno, al final todo salió bien, y terminé aceptando compartir la publicación, pero nunca la composición. Pero lo hice.
Dado que pasaste un año entero lidiando con esos asuntos legales, ¿en qué momento escribiste las demás canciones del álbum?
Paul Shortino: El álbum fue compuesto principalmente en preproducción por Jimmy Waldo y yo, en su casa, pero debido al contrato, tuve que compartir los créditos con todos. Al principio, grabamos esas tres canciones. Y la única que quedó de esas tres fue "Stay With Me Tonight". Carlos Cavazo tiene "Your Time Is Gonna Come" y "Big Changes". En "Your Time Is Gonna Come", a mitad de la canción, hay un duelo de batería entre Tommy Lee y Frankie Banali. En ese sentido, "Your Time Is Gonna Come" es un poco similar a "Wild and the Young". Es el mismo tipo de canción, y en el medio, tocan una parte de batería juntos. Por eso, la canción es muy larga. Pero esas dos canciones no entraron en el álbum. Así que ahora Carlos y yo vamos a recuperar el disco de CBS/Sony. Rough Cutt ya recuperó el primer y el segundo álbum. Así que tenemos Rough Cutt y Wants You. Ahora vamos a por Quiet Riot IV. Después de que Carlos y yo tengamos ese álbum, lo relanzaremos con dos temas adicionales: "Big Changes" y "Your Time Is Gonna Come". Y luego podríamos sacar a Frankie de todas las canciones, traer a Carmine Appice y rehacer la batería para todo el álbum. Porque Regina Banali es dueña de la parte de Frankie en Quiet Riot, y es dueña de todo el material anterior de Quiet Riot.
¿Te refieres a que el álbum de Quiet Riot salió hace más de treinta años? Hace años, ¿ahora te encargas de la composición y publicación de ese material, reclamando tus derechos de autor?
Paul Shortino: Han pasado más de cuarenta años desde los álbumes de Rough Cutt, y creo que han pasado más de treinta años para Quiet Riot.
Salió en 1988, así que han pasado treinta y siete años. En fin, es una gran noticia: el álbum se reedita después de tantos años, con material extra inédito.
Paul Shortino: Ah, sí. Vamos a por ello porque la mayoría de los que quedan en la banda son dueños del producto. Y con el material de Rough Cutt, Amir, Matt y yo ahora somos dueños de los álbumes de Rough Cutt. [...]
Además de tocar en solitario, trabajar en nueva música de King Kobra y el relanzamiento de tu álbum Quiet Riot, ¿en qué más estás trabajando ahora y en el futuro próximo?
Paul Shortino: Tengo varios conciertos en Europa el año que viene. Es una gira llamada Rock Legends con Joe Lynn Turner, Marc Storace, Robin Beck y yo. Eric Martin iba a estar este año, pero la pospusimos un año más, así que no sé si podrá venir. Haré algunos conciertos con Iconos del Rock Clásico. Esta vez, son Alex Ligertwood, Wally Palmer, Johnny Edwards y Robin McAuley. Probablemente daremos conciertos en Sudamérica y México. Entre eso y aquí en Composer Room, haré mi historia: This Is My Story y These Are My Songs. Ese concierto es básicamente mi vida contada a través de canciones. Esta noche no pudieron organizar todo a tiempo, pero vamos a mejorarlo. [...]
(Marko Syrjala) Sean McNabb es un bajista, compositor y productor estadounidense nacido en Indiana, cuya carrera abarca tres décadas en el hard rock y estilos afines. Conocido por su versatilidad, profesionalismo y una interpretación con ritmo propio, se ha labrado una sólida reputación como músico confiable y respetado tanto en el escenario como en el estudio.
McNabb se hizo conocido a finales de los '80 como miembro de Quiet Riot, apareciendo en el álbum "QR" (1988) junto a Frankie Banali, Carlos Cavazo y Paul Shortino. Este período marcó su transición de los conciertos locales y de gira a la escena internacional del rock y sentó las bases para una larga carrera al más alto nivel profesional.
A partir de los '90, McNabb se convirtió en un bajista muy solicitado, colaborando con una amplia variedad de proyectos y bandas. Su currículum incluye trabajos con House of Lords, Dokken, Lynch Mob y, sobre todo, una larga colaboración con Great White, con quien grabó y realizó numerosas giras. Gracias a estas colaboraciones, McNabb se labró la reputación de ser un músico confiable tanto por su instinto musical como por su profesionalismo.
Más allá del escenario y el estudio, McNabb se ha mantenido activo y relevante gracias a su continuo trabajo creativo, colaboraciones y nuevos retos. Además de la música, ha desarrollado una carrera paralela en la actuación y la producción cinematográfica, con apariciones destacadas en Sons of Anarchy y películas como Four Christmases y Street Survivors, además de coescribir y producir la película independiente Road to Terzetto.
Conocí a Sean, un músico relajado y de buen humor, el mes pasado en el Guitar Center de Sunset Strip en Los Ángeles. Lo que siguió fue una conversación abierta y extensa que abordó el pasado, el presente y el futuro, un reflejo fiel de un músico cuya carrera continúa evolucionando en lugar de mirar atrás. […]
Los años de Quiet Riot
Volviendo a mi reciente viaje a Las Vegas, como mencioné, me encontré con algunos de tus antiguos compañeros de banda allí, y el primero con el que me reuní fue Paul Shortino.
Sean McNabb: ¡Dios mío! Es una de mis personas favoritas del mundo. Es fantástico, un auténtico. Totalmente auténtico, ¡y sí, es un crack! Podría hablar dos horas, y lo adoro. Lo más curioso es que nunca envejece. ¿Lo entrevistaste?
Claro que sí, y por supuesto, también hablamos de Quiet Riot. Ese álbum que hiciste con la banda y Paul Shortino, "QR", fue como tu primer disco profesional, ¿verdad?
Sean McNabb: ¡Sí!
Remontándote a 1987, ¿qué recuerdas de tu experiencia en Quiet Riot? ¿Cómo fue conocer a los chicos de la banda y encontrar tu lugar musical?
Sean McNabb: Era joven, ¿sabes? Tenía 21 años, y eso me recuerda a cuando vivía al otro lado de la calle. Y conocí… ¿a quién conocí allí? Conocí a los chicos de Aldo Nova, y conocí a Jack Russell allí. Pero había una chica que me dijo: "Oye, te voy a llevar a Cat House". Creo que era uno de esos martes por la noche que organizaban Taime Downe y Riki Rachtman, o algo así. Le dije: "Vale". Así que me llevó a Cat House.
Y allí conocí a Frankie Banali, quien me ayudó a empezar en el negocio, que Dios lo tenga en su gloria. Y me dijo: "Oye, buscamos un bajista. ¿Por qué no vienes mañana?". Y me dio una dirección. En aquella época ni siquiera teníamos móviles. Así que me presenté en esa dirección, y estaban todos allí. Grabé dos canciones, y me dijeron: "Bueno, ¿puedes esperar un minuto fuera?". Luego volvieron y me dijeron: "Nos gustaría ofrecerte el trabajo en Quiet Riot". Y yo pensé: "¡Dios mío!", simplemente impresionado.
Recuerdo conducir de vuelta por Laurel Canyon, y yo era el bajista de Quiet Riot, gritando a todo pulmón. Estaba viviendo todo lo que siempre había soñado en ese momento. Sinceramente, si hubiera habido algo de verde por ahí, probablemente me habría dejado sin aliento. No sabía nada del negocio; era completamente ingenuo, pero simplemente estaba siguiendo mi sueño. Tengo que agradecer a Frankie Banali y a Quiet Riot por darme mi primera oportunidad nacional. Como un mes después, estábamos tocando en un gran concierto, Japan Aid 2, en Japón, y esa es la razón principal por la que vine aquí: siguiendo ese sueño. Hasta entonces solo había estado en bandas de bar, pero ese fue mi primer concierto nacional, y Frankie Banali me lo dio.
Y Frankie, amigo… era una auténtica bestia. Ponía ese groove y tú simplemente caías dentro. Me enseñó un montón sobre cómo tocar bien encajado en el ritmo, sobre tocar con groove —un montón de cosas que todavía uso hoy. Y, ya sabes, hice un montón de tonterías, las típicas tonterías que hacen los jóvenes, y él me reprendía mucho por ello. La verdad es que le agradezco mucho que lo hiciera, porque necesitaba que me revisaran en ese momento. ¿Estaba de fiesta o algo así? Quizás un poco, pero en realidad eran las típicas tonterías de un jovencito sin pensarlo bien. [Risas]
Cuando conseguiste el puesto con Quiet Riot, no eras Rudy Sarzo ni Chuck Wright. ¿Cómo reaccionaron los fans? Sobre todo durante la gira, ¿cómo fue conectar con ellos?
Sean McNabb: Fue muy bueno, ¿sabes?, muy bueno. Al principio, creo que sustituí a Rudy. Y es curioso, justo hoy hablaba con él por teléfono y nos hemos hecho muy buenos amigos. Y también soy muy amigo de Chuck. Es genial cuando idolatras a alguien y luego se convierte en tu amigo. Creo que fui al primer concierto de Quiet Riot como cabeza de cartel en el Market Square Arena de Indianápolis en el 84, y ahora Rudy es mi amigo. Le tengo un respeto enorme, y creo que él también me respeta. Es genial cuando tus ídolos se convierten en tus amigos.
¿Tienes algún recuerdo especial de la grabación del álbum "QR"? El productor, Spencer Proffer, es una leyenda a su manera.
Sean McNabb: ¡Madre mía, Spencer Proffer era fantástico! Era un productor de ambiente, se centraba en la sensación del estudio. No era de esos que se fijan en las sextas menores ni nada por el estilo; tenía un oído excelente y solo quería capturar la onda. Solíamos ser muy creativos allí: encendía un porro, instalaba la iluminación y simplemente nos metíamos en ello. Eso funcionó de maravilla en muchos temas, especialmente en el disco de Quiet Riot que hicimos; intentamos capturar esa energía en directo. También era genial con Paul Shortino, intercambiando ideas y letras con él.
Hay muchísimos discos increíbles hechos en Pasha Studios; muchos de ustedes ni siquiera se dan cuenta. Recuerdo haber escuchado "Valley of the Kings" de Blue Murder mientras hacían sobregrabaciones, y John Sykes dijo: "Entren y escuchen esto". Y era "Valley of the Kings". "¿Qué demonios? ¡Esto es increíble!". Nos quedamos alucinados. Spencer contaba con la ingeniería de su mano derecha, Hans Peter Huber. Todo esto fue antes de Pro Tools, grabando en cinta de dos pulgadas con ecualizadores paramétricos, al estilo clásico. Los sonidos siempre eran potentes, y allí hicieron un trabajo increíble. Sinceramente, tuve mucha suerte de vivirlo, mi primera experiencia real en el estudio, y me encantó cada detalle.
Cuando te uniste a Quiet Riot, la banda pasó por una época bastante inusual. Apenas unos años antes, estaban en la cima con "Metal health", y ahora había un cambio de cantante y de bajista. ¿Cómo fue entrar en esa situación?
Sean McNabb: Bueno, sabes, fue una época interesante. Para empezar, teníamos al gran Paul Shortino como vocalista. Quiet Riot había despedido a Kevin DuBrow un año antes, así que fue una época interesante porque la banda estaba tomando una dirección musical diferente. La banda había sido muy popular, y por alguna razón, creo que Kevin había hablado mucho, y algunas emisoras de radio no querían poner nuestro disco por algunas cosas que dijo; así era Kevin en aquella época. Tuvimos que lidiar con algo de negatividad, pero dimos lo mejor de nosotros e intentamos hacer el mejor disco posible. Paul Shortino es un cantante genial; inmediatamente tuvimos un sonido diferente. Todavía hay muchísima gente que se me acerca para hablarme de ese disco y pedirme que se lo firme. También quiero decir que Kevin DuBrow fue uno de los mejores cantantes de rock de los '80. Creo que soy el único bajista de Quiet Riot que trabajó con Kevin y Paul, y eso fue realmente especial. En 2004, hice una gira de verano con él y Frankie. Kevin y yo éramos amigos desde hacía años, pero nunca había trabajado con él, así que fue genial hacerlo más adelante. Era excéntrico, le apasionaba mucho su trabajo, y le tenía mucho respeto a él y a su musicalidad.
¿Qué recuerdos tienes de la gira por Japón que hiciste con Quiet Riot en el '89?
Sean McNabb: Solo recuerdo que la banda estaba que ardía… y no recuerdo todos los detalles. Creo que solíamos ensayar aquí al lado, justo ahí a la izquierda, ahora es una tienda de baterías. Ensayamos un poco, no mucho, lo justo antes de salir de gira. Pero, amigo, la banda estaba muy unida. Estábamos que ardía, muy unidos, sorprendentemente, considerando lo poco que ensayamos. ¿Has visto el DVD de esa gira?
Lo tengo, claro. En fin, la banda se separó poco después de la gira por Japón, y tu tiempo con Quiet Riot fue bastante corto: solo duró unos dos años. ¿Cuál fue la razón principal por la que la banda no permaneció junta más tiempo?
Sean McNabb: Sí, fue solo un álbum. Tuvimos un par de representantes diferentes y no se ponían de acuerdo en nada, lo que dificultó mucho la gira. Nos ofrecieron algunas buenas giras, pero tuvimos que rechazarlas porque los representantes no se ponían de acuerdo. Eso probablemente limitó el alcance de la banda: un representante quería hacer una gira, el otro no. Finalmente, el sello se enteró y decidió no hacer otro disco con nosotros en ese momento, lo que prácticamente lo desbarató todo y prácticamente llevó a la disolución de la banda. Una lástima, porque lo que realmente deberíamos haber hecho era empezar de cero con un nuevo nombre, un nuevo sonido. Los fans probablemente habrían sido mucho más receptivos entonces. Pero es lo que es: hicimos un gran disco, y a veces eso es parte del negocio. Todavía recibo muchos elogios por ese disco, y estábamos muy orgullosos. Tenía una vibra —una vibra completamente nueva, de hecho— y estábamos muy orgullosos de lo que hicimos.
¿Qué fue lo último que te llevó a dejar la banda?
Sean McNabb: No creo que realmente me haya ido. La banda se disolvió cuando Frankie decidió unirse a W.A.S.P. Luego, a Paul y a mí nos ofrecieron nuestro propio contrato discográfico a través de Pasha, lo que nos llevó a Badd Boyz. Mitch Perry tocaba la guitarra con nosotros. Terminamos grabando mucho y creamos material muy bueno. Era una banda divertida, pero simplemente llegó en el momento equivocado; poco después, salió Nirvana y todos prácticamente perdieron sus contratos. Con Badd Boyz, todavía intentábamos hacer hard rock, pero la escena de Seattle lo cambió todo. Una lástima, porque era una gran banda. Simplemente no era el momento adecuado para nosotros. Las cosas estaban cambiando, pero realmente era una gran banda. […]
Quiet Riot 1989: Sean McNabb, Paul Shortino, Frankie Banali y Carlos Cavazo
En el universo eléctrico del hard rock, pocas historias vibran con tanta intensidad como la de Quiet Riot. Reconstruir ese recorrido —sus tensiones, sus reinvenciones y su eco en la cultura musical— exige una mirada que combine rigor, pasión y una sensibilidad especial para escuchar lo que late detrás de los amplificadores. Eso es justamente lo que consigue Mariana Luzuriaga en Quiet Riot: Historia De La Banda, un libro donde investigación y narrativa se cruzan para iluminar los rincones menos contados de la legendaria formación.
En esta entrevista, Luzuriaga abre la puerta a su proceso creativo: los descubrimientos que marcaron la escritura, las preguntas que guiaron su investigación y el desafío de capturar la esencia de una banda que dejó una huella indeleble en el rock. Lo que sigue es una invitación a sumergirse en su mirada y en la historia de un sonido que, décadas después, sigue resonando con fuerza.
¿Qué fue lo que te llevó a escribir un libro sobre Quiet Riot?
Soy una gran seguidora de varias bandas de metal y rock y Quiet Riot es una de ellas, para mi las bandas que sigo son casi como una famila, es decir las escucho desde siempre y es algo de todos los días. De Quiet Riot no solo me gusta la música: me llegan las historias, las luchas, las contradicciones. Y sobre todo, Kevin DuBrow. Cuando descubrí que casi no había material en español que tratara la historia de la banda, decidí escribir el libro que yo misma hubiera querido encontrar. Quiet Riot tiene una historia increíble, llena de humanidad, sueños, errores y triunfos. Sentí que quería contarla no solo como escritora, sino también como una gran admiradora, con respeto e intentando ser neutral en mi opinión sobre varios temas que uno como seguidor solo ve desde afuera, pero que te llegan.
¿Cómo descubriste a Quiet Riot y qué te impactó al principio?
Lo primero que me impactó fue la energía. Ese cuarteto —Kevin DuBrow, Cavazo, Sarzo y Banali— transmitía algo explosivo, auténtico, casi juvenil. No era solo música: era actitud, deseo de triunfo, euforia. Parecían pibes de barrio con ganas de comerse el mundo. Esa mezcla de fuerza y vulnerabilidad me atrapó totalmente.
¿Cómo investigaste la información que incluiste en el libro?
Me sumergí en entrevistas, documentales, archivos viejos, revistas y conversaciones de músicos. Crucé fuentes, comparé versiones, reconstruí fechas. En las historias de bandas siempre hay contradicciones, pero traté de encontrar lo más cercano a la verdad. A pesar de que el libro no es muy extenso, fue un trabajo largo, pero lo disfruté muchísimo. Quiero destacar que mi libro fue publicado en 2020 cuando Frankie aún estaba en tratamiento y en el libro lo dejo expresado. El libro posiblemente sea actualizado en los próximos meses.
¿Qué miembro te resultó más fascinante al investigar?
Kevin DuBrow. Sin lugar a dudas! Para mí, él es el alma de Quiet Riot. Tenía ese tipo de carisma único: soñador, intenso, divertido, eufórico. Era una fuerza de la naturaleza. Un líder imperfecto, pero un líder real. Sin Kevin, Quiet Riot no hubiera tenido esa identidad tan marcada.
¿Sentiste algo especial al escribir sobre Randy Rhoads?
Sí, fue duro. Randy era un virtuoso puro, y su muerte tan temprana siempre va a doler. Pero también creo que la formación posterior —el cuarteto clásico— encontró una química única que como sabemos superó la etapa de Randy. Randy era un profesional impecable pero Cavazo tenía otra chispa, otra energía como más contagiosa que encajó perfecto con Kevin. Eso creó algo más explosivo.
¿Qué te conmovió más de Kevin DuBrow?
Su esencia. Kevin era de esos artistas que lo sienten todo al 200%. Soñador, rebelde, visceral, emocional. Tenía momentos luminosos y momentos oscuros, pero siempre era él mismo. Su historia está llena de altos y bajos, pero nunca dejó de amar a su banda. Y eso lo convierte en alguien inolvidable. Hay que tener en cuenta algo; Kevin fue despedido de su propia banda y luego cuando la banda queda en pausa él vuelve a luchar por ella, Quiet Riot era su gran amor, jamás se resignó a perderla y los seguidores lo adoraban por eso, yo lo adoro por eso!
¿Qué descubriste sobre Quiet Riot que te cambió la visión?
Descubrí cuán humanas eran sus peleas. Mucha gente ve los conflictos como algo negativo, pero yo creo que en una banda de heavy metal es parte del espíritu. El metal es rebelde, desafiante, impulsivo. Esa misma energía que causa choques internos es la que genera riffs increíbles y letras intensas. No es un ballet clásico: es metal, es rock y es más pasión que protocolo.
¿Por qué creés que "Metal health" fue tan grande?
Porque era auténtico. Aunque el tema más famoso del disco haya sido "Cum on feel the noize", una versión de Slade, Quiet Riot no buscaba imitar a nadie, mejoró explosivamente esa versión, considero que sigue habiendo algo muy autentico en ello, es decir aprecias una canción, admiras su letra y dices "Creo que sería una bomba cambiarle esto o aquello", y cuando esa visión que tienes te lleva al éxito, confirma que realmente eres autentico porque la fórmula que funcionó es la tuya. "Metal health" es corazón, actitud y lucha, y ese cuarteto estaba en su punto máximo. Cuando la vida te golpea mucho antes de tener éxito, el día que finalmente lo conseguís… se nota. Ese disco transmite esa energía: “Estamos acá. Llegamos. Y no nos van a ignorar.”
¿Cuál fue el momento más difícil de narrar?
La muerte de Kevin. Porque yo lo admiro profundamente. Aunque verdaderamente no hay tanto detalle sobre ello, no hay tanta información, lo cual me parece bastante correcto para preservar la privacidad de Kevin y su familia. Saber cómo estaba, leer algunos testimonios, reconstruir esos días… me dio un poco de tristeza porque creo que Kevin podría haberse recuperado de sus adicciones y seguir mucho más tiempo haciendo la música que amaba, aún era joven y lleno de talento. Espero haberlo contado bien, con respeto para Kevin, su familia, sus amigos y sus seguidores.
¿Cómo ves los conflictos dentro de una banda?
Normales. Hasta necesarios. Una banda es como una familia intensa y acelerada. Además, en el heavy metal hay un espíritu salvaje, como dije antes, que amamos justamente porque es auténtico. Ese carácter fuerte que genera peleas es el mismo que te permite escribir un riff inolvidable o subir al escenario como si fuera la última noche del mundo. Con el tiempo, cuando todo pasa, la mayoría reconoce el talento del otro. Son profesionales. Son artistas. Es solo el momento, nada más.
¿Qué formación considerás la más poderosa?
Aunque otros destacados músicos hayan formado parte de Quiet Riot a lo largo de su existencia, la formación de Kevin, Cavazo, Sarzo y Banali es mi favorita, sin dudas. No solo por técnica: por química. Esa mezcla era electricidad pura. Eran cuatro fuerzas chocando, pero cuando chocaban… explotaba magia. Amé esa formación eran perfectos.
¿Qué querés que el lector sienta al terminar tu libro?
Yo sé que no necesito cambiar en nada la mentalidad de los amantes de esta banda, Quiet Riot fue grandiosa. Quiet Riot para mi es una banda que tuvo todo, sin poner esa etiqueta de "Álbum o canción en el puesto N° tanto"... fue mucho más que una banda con un hit en Billboard. Tuvo una formación increíble de talento que luchó, que peleó y que brilló, pero principalmente tuvo un gran amor hacia lo que hacía y eso es algo que el público siente, que no se puede simular, es autentico.
Queda claro que la historia de Quiet Riot no es solo la historia de una banda: es la historia de una energía que se niega a apagarse. Su libro no busca clausurar un mito, sino reencenderlo, avivando las brasas de un legado que sigue vibrando en cada fan, en cada escenario y en cada riff que nos recuerda por qué el rock jamás muere. Y así, mientras sus palabras se disipan, algo permanece: esa sensación inconfundible de que, cuando una historia está bien contada, no termina con la última página… empieza a hacer más ruido.
Detalles del producto
ASIN: B08BC13B7F Accesibilidad: Más información Fecha de publicación: 16 Junio 2020 Idioma: Español Tamaño del archivo: 7.1 MB Uso simultáneo de dispositivos: Sin límite Lector de pantalla: Respaldados Tipografía mejorada: Activado Word Wise: No activado Número de páginas: 57 páginas Page Flip: Activado Curso: 12 and up
(Fabián Solari) La contraportada de la videocinta publicada por CBS/Fox Video Music en 1986 —un compendio de videoclips y escenas en vivo de Quiet Riot— constituye un documento paradigmático del tránsito del heavy metal desde los márgenes del sonido a la cultura popular. El texto promocional no se limita a describir contenidos: diseña una épica. A través de un lenguaje incendiario y un imaginario visual excesivo, el video se propone como prueba física del ascenso social del género, como si capturara en celuloide el momento en que el metal deja de ser una subcultura clandestina para convertirse en fenómeno masivo.
La pieza se abre con la proclama “Bang Thy Head”, una declaración contundente que anuncia un “asalto sónico total”. La retórica empleada —explosiones, hordas, liberación, poder imparable— es característica de la narrativa glam-metal de mediados de los '80, donde la exageración es un recurso expresivo más. En este caso, la hipérbole tiene un doble propósito: legitimar a Quiet Riot como fuerza histórica (“el primer álbum de una banda de heavy metal en alcanzar el nº1 del Billboard”) y justificar el propio formato visual, presentado como extensión natural del impacto sonoro.
Musicalmente, el repertorio seleccionado —“Cum on feel the noize”, “Metal health (Bang your head)”, “Mama weer all crazee now”, “The wild and the young”— constituye un arco que encapsula la estética del metal californiano: riffs de alta densidad, estribillos coreables, una batería frontal, y un uso del volumen como herramienta identitaria, no solo técnica. Quiet Riot entendió que el metal de los '80 no debía esconder su teatralidad; debía celebrarla. Así, cada canción funciona como cápsula de energía escénica: una combinación de ritmo marcial, melodías accesibles y un despliegue vocal diseñado para sonar tan grande como la actitud que lo sostiene.
Desde el punto de vista sociológico, la contraportada subraya un elemento clave: la entrada del heavy metal en el hogar suburbano estadounidense. La secuencia descrita en “Party all night”, donde una “horda de fiesteros invade un barrio pacífico”, dramatiza la llegada del metal al espacio social que más resistía su estética. Quiet Riot representa la transgresión domesticada: un caos que puede comprarse, reproducirse y celebrarse en un salón familiar. Este fenómeno coincidió con la expansión del VHS y la hegemonía de MTV, que transformaron al metal en el primer género juvenil cuya identidad visual se volvió tan decisiva como su sonido.
Visualmente, las imágenes del video —posiciones extremas, vestuarios animales, brillos, cuero, máscaras, luces incandescentes— condensan la iconografía total del glam-metal. Aquí el exceso no es un adorno, sino la forma misma del discurso. Las máscaras mencionadas en el texto promocional, así como la presencia de elementos de contención (chaquetas de fuerza, figuras enjauladas), remiten a un imaginario psiquiátrico y carnavalesco muy propio de la década: la locura como símbolo de libertad creativa y la identidad como artificio asumido. Quiet Riot no se presenta como una banda “realista”, sino como un dispositivo de espectáculo donde todo —sonido, ropa, actitud— está potenciado.
La contraportada insiste en el carácter histórico de "Metal health" (1983), recordando que fue el primer álbum de heavy metal en alcanzar la cima de Billboard desde los días de Led Zeppelin. Este hito marcó una transición fundamental: el metal dejó de ser una resistencia cultural y empezó a funcionar como industria rentable. La videocinta —y en este caso también la obra en formato laser disc— documenta precisamente ese punto medio entre lo crudo y lo comercial, entre la energía subterránea que dio origen al género y la estetización masiva que caracterizó su expansión global.
En suma, este vídeo de 1986 opera como documento histórico, artefacto visual y propaganda del glam-metal. Su narrativa promocional celebra la desmesura sonora, la iconografía estridente y la vitalidad juvenil como fuerzas transformadoras. Quiet Riot es presentado no solo como grupo, sino como síntoma de una época en que la imagen amplificaba al sonido y el ruido se convertía, paradójicamente, en un camino hacia el éxito social.
La videocinta/laserdisc es, así, testimonio de un fenómeno mayor: la consolidación del heavy metal como cultura popular, su ascenso al mainstream y la reafirmación de una estética del exceso que hoy constituye uno de los capítulos más influyentes y fascinantes de la historia del rock.
Hace más de cuatro décadas, en un movimiento que sorprendió a la industria y cimentó el nacimiento del hair metal, Quiet Riot hizo historia.
Su disco "Metal Health" destronó a The Police y se convirtió en el primer álbum de heavy metal en alcanzar el número uno en el Billboard 200.
Con una estética explosiva, himnos como "Cum On Feel the Noize" y un videoclip digno de MTV (con camisas de fuerza y máscaras de hierro), la banda demostró que el metal ya no era solo música: era un fenómeno de masas, laca y un sonido demoledor.
Lakeland, Florida, 16 de octubre de 1983: Carlos Cavazo,
Frankie Banali, Kevin Dubrow y Rudy Sarzo de Quiet Riot entre
bastidores antes de telonear a Iron Maiden. Foto: Christopher Lee
Helton.
(Daniel Meza) La fecha es 1983. Mientras en la pantalla grande las audiencias se maravillaban con Star Wars: El Retorno del Jedi o Blade Runner de Ridley Scott, en el Sunset Strip se gestaba una revolución tan ruidosa como inesperada. El glam metal saturado de laca, maquillaje y con un brillo de espectáculo que no se veía desde la escena británica, estaba listo para tomar por asalto la cultura popular.
El vehículo de esta explosión no fue ninguna de las superbandas que dominaban las listas (como Mötley Crüe o Def Leppard) sino un grupo de inadaptados de la escena de L.A. que había estado a punto de colapsar: Quiet Riot.
El 26 de noviembre de 1983, se selló un hito histórico que redefinió la industria musical y abrió las puertas a toda una década de pelo largo y excesos. En esa fecha, el álbum Metal Health de Quiet Riot destronó a Synchronicity de The Police en el número uno de la prestigiosa lista Billboard 200. Por primera vez en la historia, un álbum de heavy metal (o lo que se conocería como hair metal o glam metal) se coronaba como el más vendido del país.
"Metal Health" de Quiet Riot: un sonido nacido de la obsesión y el espectáculo
La historia de Quiet Riot es una de perseverancia, tragedia y, finalmente, un éxito tardío. La banda había sido la cuna del legendario guitarrista Randy Rhoads, cuya muerte en 1982 sumió a los miembros restantes en la duda. Pero la reunión, impulsada por el productor Spencer Proffer, se centró en una nueva fórmula: la mezcla explosiva de riffs robustos, coros pegadizos y, sobre todo, un show ineludible.
Publicado el 11 de marzo de 1983, "Metal Health" fue el caballo de Troya perfecto del metal hacia el mainstream, catapultado por dos himnos imparables que, hasta el día de hoy, siguen más que vigentes.
Primero, con "Cum On Feel the Noize": aunque la banda grabó a regañadientes este cover del grupo glam rock británico Slade, la versión de Quiet Riot se convirtió en el grito de batalla de toda una generación. El sencillo alcanzó el número 5 en el Hot 100, demostrando que el público juvenil ansiaba una música que fuera a la vez dura y bailable.
Quiet Riot en 1983: Rudy Sarzo, Kevin DuBrow, Frankie Banali, Carlos Cavazo. Foto: Chris Walter
En una entrevista con Modern Drummer, Frankie Banali recordaría cómo surgió la idea de hacer un cover de "Cum On Feel the Noize":
"Cuando grabábamos 'Metal Health', nuestro productor, Spencer Proffer, quería lo que él llamaba un tema 'de seguridad'", explicó Banali. "El caso de 'Cum on Feel the Noize' era que había sido un éxito para Slade en todas partes menos en Estados Unidos. Spencer pensó que la canción encajaría muy bien con nuestros temas originales, así que la grabamos. Ni siquiera la ensayamos porque a la banda no le entusiasmaba mucho la idea. Así que no nos la tomamos demasiado en serio, y probablemente por eso suena tan fresca. Nos sentamos y la repasamos una vez. Entre Spencer y yo, trabajamos en el arreglo y lo perfeccionamos. Luego la grabamos. Fue así de sencillo".
A este éxito se sumó el verdadero manifiesto de la banda, "Metal Health (Bang Your Head)". El tema estaba inspirado en la experiencia del bajista Rudy Sarzo en las giras de Ozzy Osbourne en el Reino Unido, donde los fans adoptaron el hábito de "golpear sus cabezas" contra el escenario. Con un riff demoledor y el coro "Bang your head! Metal health will drive you mad!", la canción se consolidó como el ancla del naciente movimiento hair metal.
Si los '80 fueron la década del espectáculo -un momento en que la ciencia ficción, de E.T. a Volver al Futuro, dominaba la taquilla-, Quiet Riot entendió que el rock necesitaba su propia superproducción. Y el escenario fue MTV.
El video de "Metal Health (Bang Your Head)" fue tan crucial como la música. Con el vocalista Kevin DuBrow ataviado con una camisa de fuerza roja y una máscara de hierro (la misma que adorna la icónica portada del álbum), el clip presentaba a la banda escapando de un manicomio para tomar el escenario. Era un símbolo perfecto: el metal, el género "loco" y marginal, irrumpiendo en la sala de estar de Estados Unidos.
Gracias a la rotación constante en MTV, la imagen de Quiet Riot se grabó en el imaginario colectivo, convirtiendo su sonido en un fenómeno de masas.
El triunfo de "Metal Health" (que vendió más de seis millones de copias solo en EE. UU.) fue mucho más que un éxito personal para Quiet Riot; fue la certificación de un nuevo género en la cima musical.
Al reemplazar al new wave sofisticado de "Synchronicity" (The Police), el álbum demostró a las grandes discográficas que la fórmula de guitarras distorsionadas, baterías potentes y una estética glam podía ser enormemente rentable. Quiet Riot no solo hizo historia: encendió la mecha. Su éxito allanó el camino para que bandas como Mötley Crüe, Bon Jovi, Cinderella, Warrant, Poison, Guns N' Roses, entre otras tantas más, dominaran la escena mundial durante los años venideros, forjando la identidad ruidosa y espectacular que definió el rock y metal de los '80.
El día que "Metal Health" alcanzó la cima, el heavy metal dejó de ser un culto de la underground para convertirse en la banda sonora más ruidosa de la cultura pop global.
El álbum "Metal Health" de Quiet Riot fue uno de las
producciones que abrieron las puertas del mainstream al glam metal en la
década de los '80.
(Ryan Searl by Shaw Local) Streator Fest, uno de los festivales más grandes y esperados del centro-norte de Illinois, regresa del 31 de julio al 3 de agosto en Northpoint Plaza en Streator.
Esta celebración de varios días presenta a artistas musicales nacionales, uno de los espectáculos de fuegos artificiales más grandes del sur del estado de Illinois, una vibrante cervecería al aire libre y una amplia variedad de puestos de comida.
Streator Fest sigue subiendo el listón con su estelar cartel musical que abarca las cuatro noches del festival, presentando a reconocidos artistas tributo al rock, country y la música regional. Los asistentes podrán disfrutar de una combinación de actuaciones en el escenario principal y pre-fiesta durante todo el fin de semana. Las entradas de preventa comienzan desde solo $10 por noche para la entrada general. Los pases de 3 días cuestan solo $20 y los pases VIP de 3 días están disponibles por $60.
El Streator Fest regresa del 31 de julio al 3 de agosto con artistas principales de gira nacional.Foto cortesía de Streator Fest.
El festival comienza el jueves 31 de julio y presenta a Quiet Riot como cabeza de cartel. Las festividades comenzarán con una ceremonia de apertura a las 6:45 p. m. Los conciertos de la noche comenzarán con una presentación de un artista tributo local muy popular.
La legendaria banda de metal de los '80 es conocida por éxitos que encabezan las listas y sencillos favoritos de los fans como "Bang Your Head". También actuará Britny Fox, una de las favoritas del glam metal de la misma época, conocida por éxitos como "Girlschool" y "Long Way to Love". Esta noche temática también contará con la participación de un artista tributo local muy popular, Bush, de los '80. [...]
Además de la música, Fantasy Amusement trae nuevas atracciones para todas las edades, ofreciendo uno de los carnavales itinerantes más grandes del estado. Los mega pases para el carnaval se pueden comprar con antelación en Streator's Ace Hardware, B&R Groceries East & South, Lori's Mailbox and Parcel, Shaw Appliance, SOCU North Point, SOCU Shabbona St, Streator Community Credit Union y Streator Home Savings Bank.
El recinto del festival también contará con una gran variedad de puestos de artesanías y comida a diario, con una animada carpa de cerveza que servirá bebidas frías durante todo el fin de semana. Los pases VIP para la Fiesta en Pista están disponibles en noches selectas, ofreciendo acceso premium cerca del escenario, cordones exclusivos, bares y baños privados, y una pulsera para mayores de 21 años para la compra de alcohol. Para facilitar el control de las multitudes, se ofrecerá un servicio de transporte gratuito desde los estacionamientos externos.
Atención: La entrada al recinto del festival es gratuita (los conciertos y el carnaval requieren entrada). Se permiten bolsos pequeños y bolsas de pañales, pero están sujetos a revisión. Se permiten sillas de jardín en la zona de admisión general (con excepciones específicas los domingos). Se permiten sillas de ruedas en todo el recinto, incluida la sección VIP. Por seguridad, no se permiten mascotas, comida o bebida del exterior, bicicletas, patinetes ni armas de ningún tipo. Se requiere una identificación válida para la venta de alcohol y es obligatorio el uso de pulseras.
Para obtener más información sobre el festival, anuncios de artistas y novedades, visite StreatorFest.com o siga a Streator Fest en Facebook.
(Fabián Solari) En la tarde de hoy estuvimos charlando con el periodista Osvaldo Marzullo acerca de la cobertura que hiciera en ocasión de la visita de Quiet Riot a Buenos Aires en abril de 1985. En aquella ocasión la banda estaba integrada por Kevin DuBrow en voz, Carlos Cavazo en guitarra, Kjell Benner en bajo y Frankie Banali en batería. Unos meses antes de la gira latinoamericana, el bajista Rudy Sarzo se alejó quedando libre el bajo. Rápidamente debieron ocupar el puesto ya que Chuck Wright se sumaría al regreso a Estados Unidos una vez finalizado el tour. El escogido fue el músico de sesión Kjell Benner. De la llegada, la entrevista y el concierto estuvimos hablando con Osvaldo Marzullo.
Kjell Benner, Kevin DuBrow, Carlos Cavazo, Frankie Banali en el Aeropuerto de Ezeiza.
Quiet Riot Argentina: ¿Qué recordás de aquellas jornadas, puntualmente?
Osvaldo Marzullo: Lo que recuerdo así de inmediato es el descontrol, sólo comparable a Riff en Ferro. Lo recuerdo bien porque estuve en recitales con bardo como BA Rock,
a mí me gustaba mucho Pappo y aquella noche de Quiet Riot lo primero
que recordás es el quilombo. Hay que situarse también en el contexto
sociopolítico de ese momento.
QRA: Para ese momento solo había venido Van Halen en 1983.
OM: Había venido también Queen pero era en una cancha muy grande que hacía otro estilo, con un público no tan rockero. Con Van Halen también fue pesado en el ambiente en Obras. El contexto del momento en el que vino Quiet Riot era denso ya que en diciembre del '83 había terminado la dictadura, pero después de eso no es que fue todo rosa y todos eramos libres y buenos. La gente venía de muchos años de represión, en los recitales te cagaban a trompadas, te metían arriba de un patrullero simplemente por tener el pelo largo o por tener olor a patchouli porque decían que lo usaban los drogadictos; de repente la policía se encontró que ya no tenía el poder que había tenido durante el gobierno militar. La gente, entonces, se sentía libre como para enfrentar a la fuerza. Por otro lado, la policía se sabía menos poderosa por lo cual desafiaba la situación diciendo '¿ustedes querían democracia? ahí tienen democracia', mátense entre ustedes y dejaba hacer. Te lo decía en la cara y te lo demostraba. 'Escuchame, me rompieron el vidrio del auto...', ustedes querían democracia, ahí la tienen. Estas cosas no se pueden dejar de lado a la hora de analizar a Quiet Riot en Argentina, como las cosas que pasaban en la cancha. Si le preguntás a Mundy (Epifanio, manager de Riff) lo que le hicieron en Ferro te vas a dar cuenta (la policía obligó a la organización a contratar seguridad policial, cobró el servicio con el adicional correspondiente y a la hora de controlar miró para otro lado y se retiró).
QRA: Es en ese contexto que se da un recital grande de una banda heavy en el cenit de su carrera.
OM: Claro, el primer recital grande de un grupo heavy en un estadio más grande que el que había utilizado Van Halen; la gente decía 'ya llevamos un año y pico de democracia...'. Calculá que en una época vos prendías un porro en un recital o estabas medio borrachito y te agarraban de los pelos porque estaba la policía de civil y estaba la División de Drogas Peligrosas y la Superintendencia de Seguridad Federal que mandaban tipos de civil a los recitales a detener gente. Hoy es incomprensible.
QRA: En medio de todo ese ambiente social llega Quiet Riot y vos tuviste la suerte (o la desgracia) de tener que hacer la cobertura. Hablemos un poco de eso.
OM: Por lo general yo iba solo o con el fotógrafo de Pelo (revista de pop rock especializada) a los recitales. Si mal no recuerdo era Gabriel Rocca. A ese recital había ido con la chica que era mi novia en ese momento. A ella le gustaba como a todos, el tema que ponían en la radio, "Cum on feel the noize" y cuando le comenté me pidió que la llevase. Fuimos pero llegamos tarde, ya estaba todo descontrolado por todos lados, yo tenía pullman. Todo estaba explotado de gente, locura total. Los acomodadores estaban asustados, no te daban bola. En la puerta que comunicaba la platea con el pullman había gente arriba sentada y de abajo la gente los hamacaba. Comportamiento totalmente salvaje, como en un zoológico, jajaja.
QRA: A todo esto, el recital no había empezado aún, era la previa.
OM: Claro, si bien habían bajado las luces, no había empezado. Logramos acomodarnos en un sector del pullman. En un momento, ya iniciado el recital, se viene abajo una torre de sonido y tal vez por eso después no se entendía nada, era una bola de ruido. Comentario entre paréntesis, el Luna Park - hasta que Pepito Cibrián hizo Drácula - era un galpón con techo de chapa donde no sonaba bien nada ni nadie. Dicho por los músicos mismos. En realidad nunca fue bueno el Luna y tengo entendido que sigue sin serlo a pesar de las mejoras con los paneles acústicos.
QRA: Yo fui a ver a Los Violadores en 2016 y el sonido era bastante malo, no se escuchaba bien. Me imagino en aquella época...
OM: Nunca nadie sonó bien ahí, ni Jeff Beck, ni Spinetta. La diferencia la marcó Pepito Cibrián. Quiet Riot no vino con sonido. El sonido lo puso la organización. Quien puso la plata fue Daniel Ripoll pero era otra persona la que se encargaba de ejecutar. Recuerdo que fue el viernes 19 de abril. El lunes por la mañana voy a la editorial y le pregunto a Daniel qué quería que hiciese con el artículo que tenía que escribir. Le pregunté porque él había puesto el dinero y no sabía si quería que omita lo malo y solo ponga lo bueno o todo y me dijo 'poné toda la verdad'. Muchos músicos amigos que habían ido y con los que yo había hablado el fin de semana me habían dicho cosas negativas. Si la opinión generalizada del rock es esa, salir a decir que estuvo bueno el recital de Quiet Riot... Era inocultable, los medios se hacían una fiesta con los recitales, los escándalos del rock para Crónica eran como un manjar... siempre el mito incomprobable de que habían violado a una chica debajo del escenario. Sinceramente no vi nada de eso, no escuché a nadie decir nada semejante ni a la policía.
QRA: Lo que uno recuerda de la época, sobre todo de los medios, es sobre cuestiones ajenas a la música y cercanas a las policiales.
OM: Violencia con piñas y golpes, sí. Lo de la violación siempre se decía lo mismo en todos lo recitales grandes más que nada. Lo que pasa es que el contexto sociopolítico del que hablábamos antes tuvo mucho que ver. También hay un problema insoluble para el rock que es el público que va sin entrada, una de las causas por las cuales el Indio dejó de tocar. El ex manager Julio Sáez, decía que no había solución porque si se reprime va en contra de todo lo que la gente ideológicamente cree de nosotros y si no reprimimos, en el recital siguiente entra el doble de gente y se corre la bola entonces nadie va a sacar entrada.
QRA: Volviendo a Quiet Riot, vos entrevistaste a los músicos ¿fueron a Ezeiza?
OM: No, fue en los camarines del Luna Park el día de la prueba de sonido. Creo que habían llegado un día antes del show.
QRA: Llegaron con los tiempos acotados desde Brasil porque debían volver a Brasil para seguir la gira ya que la fecha de Buenos Aires fue la única posible debido a que todo el tour estaba armado a la hora de buscar un lugar en la agenda.
OM: Recuerdo que me dijeron que todos hablaban español, mi inglés era 'very difficult' parafraseando a Carlos Tévez.y yo fui confiado, entré saludando pero el único que hablaba bien era Banali. Cavazo tenía cara de pocos amigos y no le gustaba para nada el tema de no hablar en inglés. Estuvo toda la entrevista reclinado con cara de enojo sin emitir palabra. Frankie muy macanudo, muy amable, Kevin algo hablaba en español. Oscar Ripoll, el hermano de Daniel (el organizador, editor de las revistas Pelo y Metal) - que había venido conmigo porque estaba en la parte organizativa y era el nexo entre la organización y los que armaban el escenario - como vivía en Estados Unidos hablaba bien inglés entonces ofició de traductor. La entrevista, básicamente, la respondió Banali. Una banda que me gustaba Quiet Riot, dos discos de ellos los escucho cada tanto, me encantan y los otros discos que escuché tienen cosas interesantes.
QRA: Lo que pasa también, es que dejaron de tener difusión después de "Condition critical", les soltaron la mano. De hecho siguen tocando ahora con el liderazgo de Rudy Sarzo tras la muerte de Kevin primero y Banali después. Aún así, siguen viajando y tocando por todo Estados Unidos.
OM: Lo que tienen allá son muchos clubes, tocan en clubes, boliches, lugares que están habilitados para eso.
QRA: Nunca pude conseguir el setlist ¿recordás los temas que tocaron?
OM: Recuerdo que se basó en temas de "Metal health" y "Condition critical". A mí me gustaba mucho el tema "Stomp your hands, clap your feet" y lo tocaron. Lo que yo le encontraba a Quiet Riot era un sonido muy distinto en la batería respecto del resto de las bandas. El bombo era muy profundo. Yo hago un programa para YouTube llamado "Mil novecientos ochenta y rock" con gente de aquella época y me acuerdo que entrevisté a Mario Ian (Hellion, Alakran, Rata Blanca, Devenir, Ian) y le comenté que el sonido de Devenir era similar a Quiet Riot y se enojó, jajaja. Yendo a Quiet Riot nuevamente, creo que Carlos Cavazo, si me apurás, era más guitarrista para Quiet Riot que Randy Rhoads. Randy era más para Ozzy.
(Andrew Daly / Traducción: Fabián Solari) Me señalan con el dedo. Me dicen: 'Tú eres el que intentó matar a Randy Rhoads'. Me río. Necesitaba estar con mejores personas. ¿Cómo podría nuestra separación ser amistosa? Kelly Garni fundó Quiet Riot, pero terminó a tiros.
(Image credit: Kelly Garni)
Iban juntos a la escuela, fundaron Quiet Riot juntos y luego tuvieron una pelea de borrachos con un arma que acabó con la carrera musical de Garni. 25 años después, volvió al bajo.
Kelly Garni creció con Randy Rhoads y formó Quiet Riot con él en 1975. El bajista fue despedido tres años después tras una pelea de borrachos con el guitarrista, cuya prometedora carrera terminó en un accidente aéreo siete años después.
"Estaba desconsolado", le dice Garni a Bass Player. "Ni siquiera pude ir al funeral. Simplemente no quería ver esa realidad".
Ya había dejado de tocar y había comenzado una nueva vida como paramédico. Le llevó años volver al bajo. “Volví a tocar a principios de mis 50; ahora tengo 68”, dice. “Recibí una llamada de Todd Kerns, que quería que tocara con su banda.
“Le dije: ‘No tengo bajo, no he tocado en 25 años. No creo que pueda’. Todd me convenció, y lo he estado haciendo desde entonces. Recibo ofertas para tocar en bandas, y podría, pero no quiero”.
Continúa: “La gente todavía respeta mucho a Randy. Tienen un gran aprecio por lo que hicimos, así que toco esas viejas canciones. Soy el último hombre en pie; Drew Forsyth [baterista] sigue vivo, pero no quiere saber nada de eso. Así que soy todo lo que tienes”.
¿Cómo se conocieron Randy y tú?
“Era un chico que me llamó la atención en el instituto y que parecía muy interesante. Los dos estábamos en una escuela nueva, como marginados, así que nos conectamos. Fui a su casa y me dijo que tocaba la guitarra.
“No sabía tocar solo, pero me pareció bastante bueno. Estaba tomando clases con Scott Shelly en la escuela de música de su madre. A partir de ahí, empezó a necesitar un bajista, ¡así que me convirtió en bajista!”
¿Randy te enseñó a tocar el bajo?
“Empezó a enseñarme líneas de bajo. Mientras aprendía sus solos, practicaba con las mías. Tocaba durante cuatro o cinco horas seguidas, y él repetía lo mismo una y otra vez hasta que las perfeccionaba.
“A partir de ahí, mejoramos lo suficiente como para formar pequeñas bandas que tocaban en fiestas en los patios. Cuando tenía unos 15 años formamos Quiet Riot. Encontramos a Kevin DuBrow y Drew Forsyth, a quienes habíamos usado en bandas anteriores.”
¿Cuál era la visión de Randy y tú para Quiet Riot?
“Simplemente fuimos improvisando sobre la marcha. Intentamos seguir las tendencias que eran populares. Era 1976, así que Randy y yo estábamos muy influenciados por Alice Cooper, David Bowie y Black Oak Arkansas, el primer concierto al que fuimos juntos.
“Kevin estaba muy influenciado por la música británica, como Slade y bandas más llamativas. Eso chocaba un poco con lo que Randy y yo queríamos, pero lo logramos. Por eso nuestros dos primeros álbumes tienen un sonido pop: Kevin estuvo muy involucrado.”
(Image credit: Fin Costello/Redferns/Getty Images)
¿Es cierto que la gerencia los orientó hacia un estilo más ligero?
“La gerencia quería que fuéramos los próximos Bay City Rollers, y no lo hicimos. Cuando llegó el momento de componer canciones, nos decían: 'Tiene que ser más pop'. A Randy y a mí nos pareció horrible, pero Kevin se entregó por completo.
“En ese momento, él prácticamente había tomado el control de la banda. No sentía que Randy y yo estuviéramos tocando en el estilo que queríamos, pero Kevin insistió en que si queríamos triunfar, era lo que teníamos que hacer.” Así que aceptamos.
¿Cuándo apareció la querida Les Paul color crema de Randy?
"Recibió esa guitarra de nuestro primer mánager, a quien ambos adorábamos. No tenía experiencia y solo un poco de dinero, pero invirtió mucho en la banda. Para Randy y para mí, era un gran amigo.
"Randy había hablado de la guitarra, y el mánager tenía un mueble de repuesto por ahí, así que lo intercambió y se quedó con esa guitarra. Mucha gente cree que Randy le devolvió el dinero, pero no teníamos esa cantidad. Nunca vi a Randy darle dinero, y lo habría hecho, porque siempre estábamos juntos".
¿Podías permitirte amplificadores decentes?
“Randy tenía un cabezal Peavey Standard, que me parecía genial para el bajo. Pero él lo hacía sonar genial para la guitarra, y tenía una caja acústica Ampeg 4x12 de gran tamaño. Yo usaba dos Acoustic 370.
“Mucha gente veía el equipo de Randy y se preguntaba: '¿Cómo conseguía ese sonido?'. Pero no salía de los amplificadores, sino de sus dedos. Es extraño; el tono estaba en la punta de sus dedos.”
Aunque fuera muy joven, ¿se notaba que Randy era un gran músico?
“No había duda al respecto. No era alguien que mejorara cada seis meses, ni cada mes, ni cada semana; mejoraba cada 60 segundos. Literalmente, tocaba una cosa, y 60 segundos después la tocaba de maravilla. Y 60 segundos después, la tocaba como solo él podía hacerlo.”
Tú y Kevin no se llevaban bien cuando salió el segundo disco, lo que provocó una pelea a puñetazos entre Randy y tú, borrachos, con un arma en la mano.
"Sí. Estuve infeliz durante bastante tiempo. La banda, tal como éramos, se había estancado; no íbamos a ninguna parte ni hacíamos nada. Parecía un rollo; no había progreso. No ganábamos dinero y la gerencia nos daba una asignación, que en mi caso eran 40 dólares a la semana para vivir."
(Image credit: Kelly Garni)
Fue frustrante. Me estaba haciendo mayor; tenía 20 años, y aún no habíamos llegado a ninguna parte. Parecía que teníamos algo de éxito en Japón, y la gerencia insistía en que iríamos, pero nunca lo hicimos. Todo esto terminó en un estado de ebriedad. La noche anterior, había ido a un club llamado Cabaret y se incendió.
Todos salieron corriendo del edificio, dejándome sentado allí con dos chicas. Empezaba a parecer que pensábamos: "Bueno, quizá deberíamos irnos también", pero yo estaba tomando una cerveza y un cigarrillo y no quería irme todavía. Pensé: "¿Y qué si hay un incendio?". ¡Esa es la estupidez de la juventud; la invencibilidad de la juventud!
Al salir por la puerta, vimos que el bar estaba abandonado, así que me acerqué de un salto y empecé a darles botellas de alcohol a las chicas. Agarré un montón de botellas, ¡y las chicas se las estaban metiendo en los sujetadores, en los pantalones y en los bolsos!
Al salir, había mucha gente, y un camión de bomberos se detuvo y nos impidió vernos. Así que fuimos a mi coche, abrimos el maletero y lo pusimos todo ahí. Tenía unas 25 botellas de licor. Al día siguiente llamé a Randy y le dije: «Oye, el Cabaret se incendió y robé el bar. Tengo un montón de alcohol por aquí. ¡Ven a la fiesta!».
Después de cuatro o cinco horas bebiendo, empezamos a hablar del problema con Kevin. Se nos fue de las manos. Le dije a Randy que se fuera, pero se negó. Y yo vivía en el Barrio de Van Nuys, un lugar bastante peligroso, así que tenía una pistola escondida en el sofá.
Saqué la pistola y disparé al techo, pensando que eso haría que Randy se fuera. Pero no tuvo miedo; no se fue, cargó directo hacia mí. La pistola era automática, así que se recargó y amartilló sola. La tiré a un lado para sacarla del lío, y la pelea empezó.
¿Se habían peleado Randy antes?
Ciertamente no era la primera vez que nos peleábamos a puñetazos. Nos hicimos hermanos, nos peleábamos y nos revolcábamos en el suelo; y eso fue básicamente lo que pasó, aunque fue un poco más serio. También era terrible lo borrachos que estábamos, sobre todo yo, y no había terminado.
¿Fue entonces cuando tramaste el plan para encontrar, y posiblemente matar, a Kevin?
"Iba a terminar este trabajo; pensé en matar a Kevin. No creo que lo hubiera hecho, simplemente no es mi estilo. Pero sin duda lo habría asustado, y probablemente habría hecho que llamaran a la policía."
(Image credit: Fin Costello/Redferns/Getty Images)
Cuando me subí al coche e intenté conducir, no pude. Tuve que dar la vuelta a la manzana para volver a aparcar y me pasé de la raya justo delante de un policía de Los Ángeles. Me detuvieron delante de mi casa; llevaba una pistola en una funda de hombro bajo la chaqueta, y me fui a la cárcel.
Una vez que Kevin y la gerencia se enteraron del episodio, dijeron: 'Bueno, ya está. Tiene que irse; es un problema muy grande'. Eso fue todo.
¿Qué opinó Randy al respecto?
Hablé con Randy al día siguiente, después de salir de la cárcel. Nos reíamos de todo el asunto. Si teníamos alguna pelea, siempre nos reconciliábamos rápidamente y se volvían divertidas. A la mayoría de la gente no le parece gracioso, pero lo hicimos, porque nadie salió herido.
Bueno, había un poco de sangre; Randy me pasó su famosa uña larga por la frente y me la abrió bastante. Pero nadie fue hospitalizado ni nada.
¿Randy se conformó con que te echaran?
“Se ofreció a ir conmigo. Le dije: ‘No, tú quédate. Yo me iré. Estaré bien; haré otra cosa. Tú lo crees, así que continúas’. Seguíamos siendo amigos. Pero él estaba en la banda y yo no. Di un giro de 180 grados, me corté el pelo, me matriculé en la escuela de paramédicos y tenía un trabajo esperándome al graduarme. Trabajé y atendí llamadas en la parte trasera de una ambulancia durante los siguientes 10 años en Los Ángeles”.
¿Te arrepientes de algo de cómo terminaron las cosas?
“No. Lo pensé hace un tiempo; siempre intentaba encontrar la manera perfecta de decir lo que quería decir, y finalmente se me ocurrieron los sentimientos que parecían justificar todo lo sucedido. No me arrepiento de nada porque Randy necesitaba estar con mejores músicos que yo y los demás de Quiet Riot”.
Como los chicos con los que terminó en la banda de Ozzy.
Se mire como se mire, en algún momento, Randy y yo, aún mejores amigos, íbamos a tener que separarnos. Si me hubiera quedado en la música, habría sido mucho más difícil. Nunca, jamás, iba a ser bonito. ¡Pero al menos nos reímos, aunque nadie más lo hizo!
Has recibido muchas críticas de personas con una perspectiva diferente.
“Me señalan con el dedo. Mi historia se complica. Me dicen: ‘Tú eres el que intentó matar a Randy Rhoads’. Me río y digo: ‘No estabas allí; no lo sabes’. Randy necesitaba estar con mejores personas. Después de nueve años tocando juntos, ¿cómo podría ser algo amistoso?”
¿Alguna vez hiciste las paces con Kevin DuBrow?
“Eso pasó. Un amigo en común vino y me dijo: ‘Kevin y tú tienen demasiada historia juntos. Es una pena que no sean amigos. Necesitan reunirse y resolverlo’. Y eso fue básicamente lo que hicimos.
“En apenas tres segundos empezamos a abrazarnos y a llorar. Poco después, se mudó a Las Vegas y nos hicimos muy amigos. Él siempre estuvo ahí para mí y yo para él. Y, por supuesto, hablamos mucho de Randy”.